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Todo lo que necesitas saber antes de abrir la mejor cuenta bancaria.
Los bancos no regalan dinero por generosidad. Lo hacen porque captar un cliente nuevo es muy rentable a medio y largo plazo. Aunque te den 300, 500 o incluso 800 euros, saben que la mayoría de personas se quedará años con ellos y acabará contratando otros productos como tarjetas, préstamos, seguros o una hipoteca. Además, mientras tu dinero está en la cuenta, el banco puede usarlo para generar beneficios. En resumen: lo que te dan hoy lo esperan recuperar multiplicado con el tiempo.
Una cuenta nómina es una cuenta que exige ingresos regulares, normalmente una nómina, pensión o ingresos como autónomo. A cambio, suele ofrecer mejores condiciones: menos comisiones, regalos en efectivo o intereses más altos. Una cuenta corriente normal no exige nada, pero por eso mismo suele ser más cara o menos atractiva. El banco premia la estabilidad.
Sí existen cuentas bancarias sin comisiones, pero la mayoría tienen condiciones asociadas. El “sin comisiones” suele significar “sin comisiones si cumples esto”. Las condiciones más habituales son domiciliar una nómina, tener recibos o usar la tarjeta con cierta frecuencia. Las cuentas realmente sin condiciones son pocas y suelen ofrecer menos ventajas.
Los bancos suelen pedir cosas bastante concretas: ingresar una cantidad mínima cada mes, domiciliar dos o tres recibos, usar la tarjeta varias veces o mantener un saldo mínimo. El problema no es cumplirlos, sino olvidarse. Cuando dejas de hacerlo, las comisiones aparecen sin hacer mucho ruido, y ahí es cuando llegan las sorpresas.
Sí, puedes tener todas las cuentas bancarias que quieras y no pasa absolutamente nada. No hay límite legal ni penalización. De hecho, mucha gente lo hace para aprovechar promociones, separar gastos o tener una cuenta solo para ahorrar. El único riesgo real es perder el control y no cumplir las condiciones de alguna de ellas.
Si dejas de cumplir las condiciones de la cuenta bancaria, no te bloquean la cuenta ni pasa nada grave, pero empiezan a cobrarte comisiones. Puede ser una comisión mensual de mantenimiento o cargos por servicios que antes eran gratis. A veces son 10 euros al mes, otras veces 20 o más. Por eso, cuando una cuenta deja de encajarte, lo mejor es cambiar antes de que empiece a costarte dinero.
Sí, es igual de seguro que abrirla en una oficina, siempre que el banco esté regulado en España o en la Unión Europea. Tienes las mismas garantías legales y el mismo Fondo de Garantía de Depósitos, que protege hasta 100.000 euros por titular. El riesgo no está en que sea online, sino en no leer las condiciones o confiar ciegamente en la publicidad.
El TAE es el indicador que te dice cuánto ganas o cuánto pagas de verdad. Incluye el interés y las condiciones reales del producto. Un tipo de interés bonito puede llamar la atención, pero sin el TAE no sabes si compensa. Si comparas cuentas remuneradas o productos de ahorro, el TAE es lo que manda.
En bancos online, el proceso suele ser muy rápido: desde unos minutos hasta un par de días, dependiendo de la verificación de identidad. En bancos tradicionales puede ser igual de rápido o alargarse varios días. La cuenta suele estar operativa enseguida, aunque la tarjeta física tarda algo más en llegar.
Antes de abrir una cuenta conviene revisar bien las comisiones de mantenimiento, las transferencias, el coste de la tarjeta a partir del primer año y qué pasa si no cumples las condiciones. Si algo no queda claro en la información, lo más sensato es asumir que existe y preguntar. En banca, lo que no se entiende suele acabar costando dinero.